Entre Oriente y Occidente ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE


Cinto Busquet
Prólogo a la edición original en catalán

El libro Entre Oriente y Occidente es un viaje vital hacia la diversidad cultural de nuestro mundo globalizado y un viaje hacia el interior de la persona que busca el sentido de su vida. El autor nos invita a compartir con él este trayecto. No se trata de una narración autobiográfica, pero todo el libro está impregnado de su experiencia personal. Nos hace partícipes de su intimidad, de sus convicciones, de manera que el lector se siente espontáneamente cómplice de su aventura, de su trayectoria. El camino que se nos propone es buscar una vida llena de sentido. «Quiero ofrecerme a ti tal como ahora soy, con lo que llevo dentro, con lo que creo y con lo que he vivido, y me atrevo a invitarte a entrar en el recinto de mi interioridad». No es un viaje simplemente marcado por un punto de partida y otro de llegada. Hay que estar atento al surco que deja nuestra trayectoria, que a la vez va perfilando el trazo de nuestra personalidad.

El inicio de este camino es la vivencia personal de la llamada de Dios a seguirlo. Cinto Busquet siente esta llamada muy joven, siendo adolescente. La opción fundamental de su vida consiste en seguir las pistas de esta llamada, dejándose plasmar por la presencia de Dios en su propia vida. «Creer comporta acoger la realidad por lo que es en sí misma, sin reducirla a nuestra medida y ajustarla a nuestros caprichos […]. Tener fe lleva como consecuencia conseguir ir más allá de los condicionamientos que nuestra experiencia nos impone, aceptar que lo real siempre será más grande y más profundo de lo que abarcamos y entendemos en el momento presente […]. Creer quiere decir, humildemente, aceptar ser limitado y escuchar con el corazón el testimonio de los demás, y estar abierto a Dios, que nos sorprende y se nos revela en nuestra historia de forma imprevista mientras estamos en camino».

El viaje más grande del hombre nace en el interior de su corazón, al ofrecer su disponibilidad a Dios. Se trata de asumir la realidad de nuestros condicionamientos y de nuestras limitaciones y a la vez abrirnos completamente a la potencialidad de nuestro espíritu en busca de nuestro sentido trascendente. Seguir la llamada de Dios es ampliar al máximo el registro de la perspectiva de nuestra vida humana. Obedecer a Dios nos permite desplegar plenamente la creatividad de nuestro proyecto de vida. La narración que nos propone el autor consiste en entretejer libertad y compromiso, creatividad y obediencia, fidelidad y confianza.

En este proyecto de vida, Cinto Busquet encuentra compañeros de viaje por todas partes. Desde su Gerona natal hasta Japón, va descubriendo amigos, hermanos. Con todos ellos establece un diálogo vivo, respetuoso, sincero. Es la gran aventura de la comunicación interpersonal, del diálogo en el espíritu. Hay que comenzar la caminata desde el querer «conocer» sinceramente al otro, con una mirada limpia, descubriendo en él la riqueza de sus valores. Del conocer hay que pasar al «comprender»; es decir, a enriquecer nuestra mirada con la mirada del otro. Y así, llegar al hito de «compartir» fraternalmente. Cada vez que nos encontramos con personas, culturas o civilizaciones, el entorno nos invita a seguir este proceso. Es un tejido de relaciones lleno de humanidad.

En nuestro mundo, donde la globalización se experimenta en la vida diaria, nos exponemos a mirar el mundo sin verlo, a encontrarnos físicamente con personas pero sin conocerlas. La globalización puede convertirse en algo anecdótico, superficial; hay que entrar con estima en las diferencias de civilización y de cultura para ver la auténtica relevancia de la riqueza de las distintas colectividades humanas. Este libro muestra cómo el diálogo intercultural e interreligioso puede ser vivido como experiencia personal desde el sentimiento de fraternidad universal. Es bueno constatar que, al adentrarse el autor en este mundo globalizado, necesita afirmar su sentido de pertenencia, de catalanidad, de fidelidad a la lengua. Es necesaria la identificación cultural, que nos permite ser miembros de un pueblo en medio del concierto mundial de los pueblos, para poder ejercer nuestra condición de hijos de una comunidad cultural. Identificación y universalidad están plenamente interrelacionadas en su vida.

A medida que avanzamos en la lectura del libro, vamos captando el testimonio de quien, siguiendo la llamada de Dios, va ampliando el horizonte de su vida. Seguir el camino de Dios implica asumir que nuestra vida es un proyecto por desarrollar, una misión que cumplir en medio de la humanidad. La generosidad de poner al servicio de Dios y de los demás nuestra existencia comporta recibir mucho más de lo que damos. Por eso, Cinto Busquet nos propone acompañar a las personas al misterio del Dios hecho Hombre, Jesucristo. Es hacerse servidor del mensaje evangélico, de las bienaventuranzas; ésta es la misión de la Iglesia: «Si la Iglesia es considerada “santa”, es porque los santos dejan que actúe con fuerza el Espíritu Santo, que todo lo santifica. La institución y la jerarquía son necesarias, pero sin los carismas del Espíritu, que hacen florecer con múltiples colores la Iglesia, ésta sería más una máquina que oprime, que un hogar donde todos podemos calentarnos a su rescoldo». La Iglesia es el Sacramento. La experiencia humana lleva al autor a comprender la realidad sacramental, que brota de la misma vida humana y llega a hacer presente la gracia que Jesucristo nos ha dejado. De hecho, su misión sacerdotal, tan presente a lo largo de la obra, se nos presenta como un servicio al diálogo que Dios ha abierto con la humanidad a través de su Hijo. «Los cristianos no estamos llamados a convencer a nadie con razones y palabras. Tenemos que hacer posible que Cristo, vivo entre nosotros, se manifieste por sí mismo y toque el corazón de aquellos con quienes nos encontramos». A mi entender, éste es el punto álgido del viaje que Busquet nos propone: su sacerdocio como sacramento de la Iglesia.

Dios es Amor, y esta realidad es el fundamento de su opción de vida; es una entrega radical hecha de interioridad y de totalidad. Es un viaje hacia el interior espiritual que nos modela como personas, y a la vez es un viaje que nos proyecta hacia el otro, hacia los demás: del «corazón» a aquello de lo que Dios nos habla a toda la humanidad, de Oriente a Occidente.

Recuerdo la conversación que tuve en el Parlamento de Cataluña cuando, siendo presidente, recibí a Chiara Lubich: el horizonte de la política hecha desde el compromiso cristiano no es ni imponer una ideología determinada, ni simplemente administrar la confrontación de intereses particulares. Es saber inducir mediante el testimonio de uno mismo a todos los ciudadanos a mantener actitudes de valores comunitarios; fomentar la construcción de una comunidad humana universal con sentido de fraternidad; fundamentar la tolerancia y el civismo con espíritu de fraternidad. No es fácil, pero tampoco es una utopía, porque Ítaca es el viaje si sabemos ver a Dios en el rostro del hermano.

Joan Rigol,
Ex presidente del Parlamento de Cataluña
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